En uno de los valles próximos armamos la carpa al llegar. Y nos sentamos, sobre algo que nos separe del frío de la nieve, a descansar de las horas aproximando con esquíes y del peso de la mochila. En calma, contemplamos el atarceder y dejamos que el silencio nos meta en la historia que viviremos mañana.

Así me imagino será uno de los momentos de este proyecto, que todavía no es, pero que día a día, con cada entrenamiento y cada imagen creada por la imaginación se acerca un poco más.

Este desafío es un bicho de dos patas:

La inspiración, esa emoción o fuerza creadora, que nos empuja a hacer, como la chispa que enciende al fuego o el viento que lo aviva.

Y la transpiración, producto de poner el cuerpo a lo que el corazón guía.

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