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Viernes 5 am. Hoy empieza una nueva aventura, una salida de 3 días por los alpes Suizos con el club alpino de Austria. Mientras espero a Werner al costado del camino empiezan a aparecer las primeras luces. El día empieza a mostrarse y la aventura irá haciendo lo mismo.

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Después de unas 9 horas de viaje en micro llegamos a Saas Fee, un pueblo / centro de esquí rodeado de montañas y glaciares. En el viaje fui conociendo algunas de las personas con las que andaríamos estos días. La gente es muy amable, a pesar del idioma algunos se acercan para conversar un poco en inglés, alemán y español.

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Después de subir con la góndola llegamos al refugio

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y a este lugar increíble. Al fondo se ve el Strahlhorn, un cerro que intentaremos mañana. 5 am se sirve el desayuno. Afuera se escucha el viento aullar. 6 am estamos todos listos para salir.

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Hasta acá las condiciones y el terreno fueron bastante buenos con nosotros.

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Incluso pudimos ver un muy lindo amanecer sobre el glaciar.

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Pero más arriba, el terreno se empezó a poner empinado, las nubes a cerrarse, soplaba más fuerte el viento y las grietas hacían más caótico al glaciar. Con esta combinación es muy importante tener una muy buena técnica de subida con los esquíes, algo que todavía no tengo. Esto, puede ser un gran problema.

Haciendo una conversión (doblando) apoyé sin querer el bastón en la fijación y se me salió un esquí. Sin darme cuenta empecé a caer cabeza abajo por el glaciar en la parte más empinada. Por suerte pude darme vuelta y frenar.

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Al otro lado del valle está Zermat, un lugar lleno de historia alpina.

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Y el Cervino, una de las montañas míticas del alpinismo.

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A 50 metros de la cumbre nos pegamos la vuelta. La nieve estaba helada, incluso con cuchillas era difícil subir. Y el viento era muy fuerte, tanto que podía tirarte al piso.

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Algo curioso, creo que las veces que más aprendí son cuando hay que pegar la vuelta estando tan cerca. Es muy tentador seguir faltando tan poco, pero no hay que dejar que las emociones nublen al criterio. Lo más lindo de esta actividad está en el camino recorrido y en lo que se aprende andando.

No me resultó fácil bajar. En el glaciar hay que tener la capacidad de poder hacer giros cortos, a veces más largos, para evitar las grietas. Hacer esto con viento, poca visibilidad y cuando está helado requiere un excelente dominio de los esquíes. Creo que esta montaña es algo que todavía está en otro nivel para mi. Un nivel que se aprende con los años de andar. No por nada la gente que viene a estos lugares tiene entre 20 y 40 años de experiencia con esquíes. Está bueno ir aprendiendo de a pasos chicos, pero creo que este fue un paso muy grande.

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Al otro día en el vestuario antes de salir a la cancha. Afuera nos esperaba una tormenta importante, viento, nieve, muy poca visibilidad y riesgo de notable a fuerte. Fue un gran desafió para todos.

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Gracias al excelente trabajo de los guías, quienes supieron elegir muy bien el itinerario, la técnica y el ritmo del grupo, bajamos todos sin inconvenientes. Esta gente es realmente excepcional, tiene una capacidad que me parece asombrosa. Es invaluable lo que se puede aprender andando con ellos.

Al final, mis compañeros, con quienes nos fuimos cuidando mutuamente durante el descenso, me felicitaron por como anduve. Incluso para ellos con muchos años de experiencia fue todo un desafío bajar, por momentos no te veías ni los pies, la nieve cambiaba de polvo a hielo sin poder anticiparlo. Fue una experiencia muy intensa.

Uno de los guías me dijo:

Ferdinand you will be a very good one and you did an great work, but you have to be a perfect skier before coming to this mountains. Think about that…

Y tenía toda la razón. Fue la mejor lección de todas.

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