Hoy encontré este párrafo en el libro “Memoria del fuego I. Los nacimientos” de Eduardo Galeano.

Creen los hurones, como todos los pueblos iroqueses, que el sueño transfigura las cosas más triviales y las convierte en símbolos al tocarlas con los dedos del deseo. Creen que el sueño es el lenguage de los deseos no realizados y llaman ondinnonk a los secretos deseos del alma, que la vigilia ignora. Los ondinnonk asoman en los viajes que hace el alma mientras duerme el cuerpo.

Para los hurones, se hace culpable de un gran crimen quien no respeta lo que el sueño dice. El sueño manda. Si el soñador no cumple sus órdenes, el alma se enoja y enferma al cuerpo o lo mata. Todos los pueblos de la familia iroquesa saben que la enfermedad puede venir de guerra o accidente, o de la bruja que mete en el cuerpo dientes de oso o astillas de hueso, pero también viene del alma, cuando ella quiere algo que no le dan.

Sabias palabras, leidas desde un buen lugar para soñar.

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