Me siento como un músico antes de salir al escenario. Hoy vamos a intentar el Großer Geiger, un cerro que apareció hace unos días lejos en el horizonte. La ansiedad, el miedo a aventurarse en un terreno más empinado y expuesto, la expectativa de un nuevo desafío en una montaña grande se siente en el estómago.

Amanece algo nublado, el sol apenas se ve entre las nubes. A esta hora todo tiene un tono azulado.

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Primero tenemos que subir unos 100 metros y luego bajar unos 300 m esquiando. La nieve parece hielo. El terreno es accidentado, con piedras, resaltes, a diferencia de una pista no es posible elegir donde doblar. Me costó mucho bajar con los esquíes. La última parte era demasiada empinada para mi nivel, así que tuve que sacármelos y ponerme los grampones.

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Una vez abajo, nos quedan subir 1000 m remontando un glaciar. El acceso a este es un poco empinado, el último tramo hasta montarse encima del glaciar tiene un resalte de 45 a 50 grados. En una pendiente así es muy importante tener una buena técnica de conversión con los esquíes. Yo me di cuenta que aún no la tengo y eso, en este terreno, no es una buena combinación.

Adelante nuestro iban varios grupos de alpinistas austríacos. Es un gusto ver gente que sabe como moverse en la montaña. Suben a buen ritmo, no se retrasan en los pasos claves, trazan una huella elegante. Casi todas las personas que vi en este lugar son excelentes alpinistas. A medida que ganábamos altura, las montañas de alrededor iban cobrando relieve. Los paisajes alpinos son de los más impactantes para mi.

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En el glaciar la pendiente es más suave. Solo hay que tener cuidado de ir por la derecha para evitar la zona de grietas escondidas debajo de la nieve.

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A eso de las 12 y pico llegamos al filo que conecta con el otro valle.

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Todavía nos queda bajar por un terreno accidentado, remontar otro glaciar y escalar la última parte. Y volver al refugio. Estimamos que son unas 2 horas más, y quizás unas 4 para volver al refugio. Las condiciones no parecen muy buenas. El terreno que nos queda por delante es el más difícil de la travesía. Y el factor humano, que va de la mano del terreno, en este caso mi técnica con los esquíes, no es la ideal. No me puedo mover con la seguridad y rapidez suficiente. Esto hace que cualquier estimación sobre el tiempo sea poco certera, ya que es mi 1ra vez con esquíes en un terreno alpino como este. No sería nada bueno tener un accidente en este lugar. Además, yo soy lento bajando y Harald es lento subiendo. No somos una buena combinación como equipo.

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Charlamos sobre esto con Harald. El quiere seguir, yo prefiero bajar. Al final acordamos que lo mejor es empezar a bajar. Sacamos las pieles de los esquíes y empezamos a bajar en la nieve en polvo.

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Me costó mucho poder doblar con la mochila pesada. Además del equipo, tenía una cuerda de 60 m. En el resalte de acceso al glaciar no pude bajar con los esquíes, así que tuve que quitármelos y bajar destrepando con la piqueta y los grampones. Me llevó mucho tiempo cruzar esta parte, se sentía muy empinado. Así que tranquilo, paso a paso, cargando en la mochila los esquíes y concentrado en cada movimiento bajé la rampa que conectaba con el glaciar. Fue intenso, ya que en ese lugar no valía caerse, pero el riesgo era aceptable.

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Esta fue mi primer gran travesía en los alpes. Pude sentir en la piel mis debilidades. Todavía me queda mucho por aprender sobre como andar con esquíes. En estos terrenos una buena técnica es tan importante como respirar. Es lo que hace la diferencia y te permite andar más rápido y más seguro gastando menos energía. Ahora tengo en bien claro en que tengo que trabajar y porqué.

Así que a seguir aprendiendo y soñando con grandes montañas. Todavía me queda un largo e incierto camino en este viaje. Lo que es seguro es que aparecerán nuevos amigos que me van a ayudar a ser un mejor alpinista.

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