Si tuviera que elegir un tema para acompañar este relato, sería uno de la película Into the Wild: Guarantee. Un poco así es como me sentí en esta travesía, como si estuviera adentro de algo tan grande, tan inmenso que me hace verme como algo muy pero muy chico. No es solo por lo imponente que puede ser el paisaje, sino también por lo vulnerable y frágil que soy ante la naturaleza salvaje. Hay mucho por descubrir en esto del esquí de travesía.

El día empezó a las 5:30. Desayunar, tomar el bus a Innsbruck, esperar al otro bus que va a Axamer Lizum, tomar un jugo de naranja, encontrarme con Carlos, consultar el boletín de avalanchas, cosas que hay que hacer antes de empezar.

Hoy tenemos buenas condiciones, riesgo moderado enorientaciones este, sur, oeste. Durante el transcurso del día va a venir un frente de baja presión que va a desmejorar el tiempo. Para tomar buenas decisiones es necesario conocer además la orientación e inclinación del terreno. Con esta información se puede evaluar el riesgo al que nos estamos exponiendo.

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Subimos a lo más alto de Axamer Lizum en tren. En el camino podemos ver algunas ráfagas de viento que nos dicen que evitemos las acumulaciones de nieve. Respetando la distancia, bajamos unos 300 m por esta ladera sur oeste (el amanecer ayuda a ver la orientación) de 30 a 35 grados, según mi estimación.

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Bajamos por la orientación más crítica del boletín, con riesgo aceptable dado la inclinación (<35) y temprano a la mañana, cuando todavía no recibó calor. De ahora en adelante iremos por un valle hacia el sur.

Había mucha nieve en polvo, unos 20 a 30 cm. Carlos fue adelante y abrió huella todo el camino. Aún así me costó un poco seguirle el ritmo. Es muy difícil andar a buen ritmo, evaluar el terreno y elegir un buen itinerario para subir. Cuando el esfuerzo físico es grande, pensar con claridad cuesta más, por lo que la experiencia juega un papel muy importante para elegir la ruta.

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Esta foto es la que me hace acordar a Into the Wild. En esta parte del valle no encontramos ni siquiera una huella en la nieve. Desde arriba de ve el camino que hicimos. La ladera del fondo es la que bajamos esquiando:

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La rampa final tiene mucha pendiente (unos 45 a 50 grados). Por lo que nos sacamos los esquíes y subimos a esquí-traccíon (se apoyan los esquíes horizontalmente, un paso arriba y luego esquíes arriba).

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Sobre el final dejamos las tablas y subimos a pie.

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Al sur:

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Al este:

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Al norte (para volver tenemos que ir al valle verde que aparece al fondo a la izquierda):

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Hora de bajar. Aca hay unos videos del descenso.

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La bajada me costó más que la subida. Sentí que se me prendían fuego los muslos. Cada tanto paraba para tomar aire por unos segundos y seguir. Todavía no tengo una buena técnica en nieve en polvo. Pero mejoré desde la última vez ya que no me caí y pude bajar por tramos con bastante inclinación.

Llegando a la civilización. La aventura termina a eso de las 6 de la tarde.

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Cuando estaba arriba, casi llegando a la cumbre, empezó a soplar algo de viento. Me puse la campera, pero sin embargo no me alcanzó, me sentía desprotegido. En esas pendientes, cargadas de nieve fue donde más frágil me sentí. Esta fue sin duda una gran aventura, antes de empezar no sabía si iba a ser capaz de hacerla. Ahora, al final, la satisfacción de arriesgarse y dar todo por un objetivo, no me refiero solo a la cumbre, sino a probarme y superarme en algo que para mi es un gran desafío, me llena de alegría.

El camino de aprender es largo, todavía queda mucho por recorrer.

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