Ayer fuimos a hacer una travesía a una montaña llamada Wolferdorn, también conocida como Spina del Lupo. Un nombre muy atractivo.

Las condiciones no fueron buenas, mucho frío (-15), viento del norte (helado, ráfagas de más de 50km/h) y mucha nieve venteada arriba de los 1900. Así que nos pegamos la vuelta. Del frío que hacía se me heló la oreja y la mejilla que tenía expuesta al viento, tanto que no podía hablar, era como tener una papa en la boca. La bajada no me fue nada fácil, para pegar la vuelta tuvimos que salir por una pendiente fuerte (quizás 35 grados) helada (para evitar las acumulaciones de nieve venteada) y luego esquiar en el bosque en una mezcla de nieve polvo y costra.

Después de bajar, fuimos a comprar unos quesos al pueblo de Brennero, y seguimos viaje a otra travesía, con mejores condiciones. Si bien el riesgo era mucho menor, por la poca inclinación y lo frecuentada, la nieve me resultó muy difícil de esquiar. Hielo, polvo, sastruguis, costra y un viento no tan fuerte, pero si helado.

Ambas travesías fueron una prueba para mi, donde pude ver todo lo que me falta por aprender. Me sentí un poco desilusionado por mi nivel, también frágil y expuesto a una naturaleza que me pareció salvaje, aunque se que apenas lo fue.

No pude sacar ni una foto, era mucho el frío que hacía para mi. Pero si encontré en el dibujo una forma de contar lo que me dejó esta travesía: encontrarme con la fragilidad que me muestra sin máscaras mis verdaderas capacidades y la conciencia de que hay más por aprender.

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