Tronador: Pico Argentino

Este fue para mi el GRAN desafío del 2014, subir con esquíes al Pico Argentino del Tronador. Había soñado con subir esta montaña desde la primera vez que la ví, allá por 1994, en mis primeras visitas a los refugios de Bariloche. Esta vez, para mejorar mis posibilidades, tuve en cuenta en la planificación del viaje la naturaleza caprichosa del clima. Así que me fui 10 días a Bariloche, para elegir dentro de este período la mejor ventana de 3 días de buen tiempo. Fue una muy sabia decisión.

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El primer día fuimos al querido refugio Otto Meiling haciendo un muy buen tiempo, unas 4:30 hs. En el verano habíamos ido con Sole y tuvimos la suerte de ver volando unos 30 cóndores desde este lugar:

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Aprovechando que llegamos temprano al refugio, nos pusimos a cortar maderitas para encender la salamandra, derretir agua, tomar unos mates, leer un poco y descansar para mañana. En el refugio encontré un comic de un psicologo rosarino que me hizo reir mucho. A la noche me costó dormir, ya que me sentía un poco ansioso por mañana.

El segundo día sonó el despertador a las 7, para desayunar tranquilos y salir a las 9. El cielo ese día estaba totalmente despejado sin una nube, lo que nos regaló tanto paisaje como nuestros ojos pueden comer.

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Desde siempre me atrajo mucho esta montaña, sobre todo por sus glaciares, que hacen que las personas parezcan apenas puntitos:

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Y las formas desordenadas de los bloques de hielo:

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Algo tan grande como en paisaje fue lo aprendido de andar con una guía de alta montaña como Pablo. Cosas que para mi no son fáciles de aprender, como la lectura del terreno y la elección del itinerario. O el ritmo, que me permitió llegar a la cumbre sintiéndome muy bien físicamente y en buen tiempo (le pusimos unas 5 horas).

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Andar con gente que tiene mucha experiencia, es una forma de aprender que valoro mucho, muchísimo. Pasamos un rato en la cumbre, mirando el paisaje y la increíble vista 360 que teníamos.

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Ahora a bajar esquiando, casi desde la cumbre:

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La primera parte del descenso fue muy disfrutable, la nieve era como una crema batida. La travesía al filo del camping me costó un poco. Y los sastruguis que encontramos en el filo me hicieron transpirar y me enseñaron que tengo que mejorar mi estabilidad al andar fuera de pista.

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En aprox. 1 hora ya estábamos en el refugio, como dice el dicho: más contento que perro con dos colas:

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El tercer día fuimos al filo de la Motte y practicamos un poco de conversiones. Aprendí a colocar los bastones bien cerca del cuerpo, las llamadas: 3 tiempos, “z”, epsilón, “y”, hacia adelante, hacia atrás. Y una pista: elegir la pendiente más suave para hacer la conversión.

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Ese día hice una de las esquiadas más lindas de la temporada, difícil de olvidar:

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Fue una gran experiencia, posible gracias a muchas personas. A Pablo y su profesionalismo y calidad como guía. A Pedro y su familia, que me alojaron en su casa y me trataron muy bien, haciéndome sentir como en casa. A Nacho que me supo asesorar muy bien sobre como planificar y realizar el entrenamiento. A mi morocha y su linda sonrisa que me hace volar cada vez que le cuento alguna de estas locas ideas.

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1 Comment

  1. Grande Fer !!

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